Dos águilas de Bonelli en Navarra vuelven a ocupar territorios históricos de la especie
Dos nuevas águilas de Bonelli en Navarra vuelan ya por territorios donde esta especie había desaparecido o quedado muy reducida. Ida y Ondallu, una hembra y un macho nacidos en abril, son ejemplares silvestres criados por parejas reproductoras asentadas gracias a años de recuperación. Su presencia confirma que la estrategia de reintroducción y restauración de hábitat empieza a dar resultados en una especie todavía catalogada en peligro de extinción en la Comunidad Foral.
Las dos aves comenzaron a volar en julio y ahora se encuentran en una fase de aprendizaje junto a sus progenitores antes de iniciar el periodo de dispersión típico de la especie. Si todo va bien, recorrerán largas distancias hacia otras zonas de la Península y podrían regresar en próximos años para reproducirse en el entorno donde nacieron. El dato es especialmente significativo porque el águila de Bonelli vuelve a estar presente en dos de sus tres territorios históricos de Navarra: Leire-Arbaiun y Kaparreta.
Una recuperación lenta
Ida y Ondallu no son casos aislados. Sus propios progenitores están vinculados a programas anteriores de recuperación. Uno de ellos es Sielva, un macho reintroducido en 2015, y otro Cáseda, liberado en 2018; también participan Iraia, liberada en Álava en 2021, y Alfonsita, una hembra silvestre marcada ese mismo año.
Según el Gobierno de Navarra, alrededor del 50% de las muertes de estas águilas está relacionado con los tendidos eléctricos.
Eso convierte a los dos nuevos pollos en una señal especialmente relevante: las aves reintroducidas no solo han sobrevivido, sino que algunas ya se están reproduciendo y generando nuevos ejemplares nacidos en libertad. Para los responsables del programa, ese paso es uno de los mejores indicadores de que la recuperación puede consolidarse con el tiempo.
Desde que nacieron, los dos pollos han sido vigilados mediante cámaras de fototrampeo, visitas de campo y emisores GPS. Antes de que aprendieran a volar fueron anillados y examinados por veterinarios, que tomaron medidas biométricas, muestras genéticas y comprobaron su estado de salud. Ahora ambos llevan emisores solares que permiten conocer diariamente sus movimientos.
Los especialistas intentan intervenir lo mínimo posible. La prioridad es que los jóvenes aprendan directamente de sus progenitores, y retirar un pollo del nido solo se contempla como última opción si aparece algún riesgo serio.
Reducir amenazas
El programa de recuperación se apoya en dos proyectos europeos, LIFE Bonelli y Aquila LIFE, además de actuaciones de restauración de hábitat y colaboración con ayuntamientos, personal técnico, guardería ambiental y otras entidades. Durante 15 años, distintas comunidades autónomas han compartido conocimientos e incluso ejemplares criados en cautividad para recuperar poblaciones históricas.
Uno de los principales problemas sigue siendo la mortalidad asociada a los tendidos eléctricos. Según el Gobierno de Navarra, alrededor del 50% de las muertes de estas águilas está relacionado con estas infraestructuras. De hecho, Urri, la primera águila de Bonelli nacida en libertad en Navarra en 20 años, murió electrocutada en 2025 durante su dispersión.
Navarra lleva décadas corrigiendo apoyos eléctricos peligrosos. En la última década se han adaptado aproximadamente 9.000 postes, y más del 60% de los situados en zonas de protección ya cuentan con medidas específicas para reducir el riesgo para las aves.
El regreso de Ida y Ondallu no significa que la especie esté recuperada, pero sí demuestra que la combinación de reintroducción, protección del hábitat, seguimiento y reducción de amenazas puede devolver a una especie amenazada a lugares de los que había desaparecido. Ahora, el siguiente reto será que estas dos jóvenes águilas superen su dispersión y, algún día, regresen también para iniciar un nuevo ciclo.