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Un hombre dona casi 400 hectáreas de bosque a la tribu Kalispel para proteger la vida silvestre

Gary Verbrugge ha decidido entregar sus tierras familiares en Washington a la tribu Kalispel, garantizando que este refugio de alces, lobos, pumas, águilas y truchas permanezca protegido para siempre.

Un bosque familiar se convierte en legado indígena y refugio natural

En el estado de Washington, una historia de amor por la naturaleza y respeto por el territorio se ha convertido en una gran noticia para la conservación. Gary Verbrugge ha reunido casi 400 hectáreas de bosque familiar junto al río Little Spokane y ha decidido donarlas a la tribu Kalispel para asegurar que este paisaje permanezca protegido frente a la urbanización y la fragmentación. La propiedad, situada al norte de Spokane, reúne fondos de valle, marismas, laderas boscosas, crestas y un tramo de aproximadamente media milla del río, creando una gran variedad de hábitats en un mismo espacio. Su decisión no solo protege un valioso corredor natural para especies como alces, ciervos, pumas, linces, osos, lobos y aves rapaces, sino que también devuelve la custodia del territorio a una comunidad indígena con una profunda relación histórica y cultural con la zona.

Conservación de tierras indígenas

La relación de la familia Verbrugge con estas tierras se remonta a casi un siglo. Sus antepasados comenzaron a adquirir terrenos en la zona en 1927, y con el tiempo Gary fue reuniendo distintas parcelas hasta consolidar una gran extensión de bosque y valle fluvial. Tras años de actividad maderera industrial, decidió actuar para restaurar el paisaje, replantando árboles a mano, recuperando vegetación de ribera, estabilizando márgenes y creando sombra para mejorar el hábitat.

Recuperar la propiedad de tierras como las de Verbrugge permite a sus miembros cazar, pescar, recolectar y mantener vivas prácticas culturales.

En 2007, Verbrugge colaboró con Inland Northwest Land Conservancy para establecer una servidumbre de conservación permanente sobre casi 250 hectáreas, impidiendo que el terreno pudiera ser subdividido o urbanizado. Más tarde, compró otras 113 hectáreas adyacentes y las añadió a la protección, completando el proyecto a finales de 2025.

La propiedad tiene un valor ecológico especial por la diversidad de ambientes que reúne. En sus bosques, zonas húmedas y áreas abiertas se mueven alces, ciervos, pumas, linces, azores, osos y lobos. Además, los arroyos y el río Little Spokane aportan agua fría y limpia, un recurso esencial para peces nativos y para los esfuerzos de restauración de especies como el salmón y la trucha en la región.

La gestión del terreno también busca preparar el bosque frente a los efectos del cambio climático. La tribu Kalispel ha trabajado junto a Verbrugge en un plan forestal detallado, con actuaciones de clareado, reducción de combustible vegetal y mejora del hábitat en unas 16 hectáreas. El objetivo es crear un ecosistema más resistente a incendios graves, donde el fuego pueda comportarse de forma menos destructiva y más natural.

Legado natural

Sin herederos directos a quienes dejar la propiedad, Verbrugge encontró en la tribu Kalispel un destino coherente para su legado. La tribu estaba desarrollando su primer bosque comunitario propio, centrado en la educación ambiental y la gestión de recursos naturales, por lo que su visión encajaba con la voluntad de conservar el territorio a largo plazo. Según Ray Entz, director de Recursos de Vida Silvestre y Terrestres del Departamento de Recursos Naturales Kalispel, la fuerza de la tribu está en que su conexión con la tierra es permanente.

La donación también tiene un significado cultural profundo. La reserva de la tribu Kalispel ocupa algo más de 2000 hectáreas, una pequeña parte de un territorio ancestral mucho más amplio que se extiende por el noreste de Washington, el norte de Idaho, el oeste de Montana y Canadá. Recuperar la propiedad de tierras como las de Verbrugge permite a sus miembros cazar, pescar, recolectar y mantener vivas prácticas culturales que necesitan paisajes reales y funcionales, no fragmentos aislados.

Este gesto protege mucho más que una propiedad privada: conserva agua limpia, hábitats conectados, memoria familiar, resiliencia frente a incendios, vínculo indígena y refugio para especies que necesitan grandes territorios para sobrevivir. Como resume la propia filosofía del proyecto, no se trata de competir por el paisaje, sino de compartirlo y convivir en él. La decisión de Gary Verbrugge demuestra que una sola persona, con paciencia y compromiso, puede dejar un legado capaz de beneficiar a la naturaleza y a las comunidades durante generaciones.

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