Una mano robótica para lengua de signos traduce la voz de profesores en tiempo real

Una mano robótica para lengua de signos está ayudando a reducir barreras en las aulas de Kenia. La startup ZeroBionic ha desarrollado un dispositivo capaz de convertir en tiempo real la voz de un profesor en signos mediante inteligencia artificial y movimientos mecánicos. La tecnología ya se utiliza en decenas de escuelas y busca facilitar que estudiantes sordos puedan seguir contenidos como matemáticas, ciencias y otras materias técnicas con mayor autonomía.

Una startup de Kenia crea una mano robótica que traduce las clases a lengua de signos
Una startup de Kenia crea una mano robótica que traduce las clases a lengua de signos

En Kenia, unas 300.000 niñas y niños son sordos o tienen algún grado de pérdida auditiva, según la Kenya Society for Deaf Children, pero apenas 20.000 estaban escolarizados en 2024. A esa brecha se suma otro problema: no existe una base de datos estandarizada de lengua de signos africana suficientemente amplia para alimentar este tipo de tecnologías, y muchos términos técnicos utilizados en asignaturas como matemáticas o biología carecen de una correspondencia común. ZeroBionic, cofundada por la joven ingeniera Norah Kimathi, de 22 años, decidió afrontar ambos retos a la vez desarrollando su propio hardware y construyendo desde cero buena parte del vocabulario que necesita el sistema.

Traducir en clase

El funcionamiento parte de la voz del profesor. El sistema procesa el contenido y la mano mecánica reproduce los signos correspondientes, con una precisión declarada por la empresa del 92%. Según ZeroBionic, la traducción puede realizarse en menos de dos segundos.

Actualmente, estos dispositivos ya están presentes en 78 escuelas de Kenia. El objetivo no es sustituir a los intérpretes ni a los profesores especializados, sino ampliar las herramientas disponibles.

La tecnología está siendo probada también con profesores sordos en el Kasarani Treeside Secondary School for the Deaf, en Nairobi. Mediante un traje de captura de movimiento, los docentes registran signos que después se incorporan a una base de datos con vocabulario técnico.

“El mayor reto que encontramos es que en África no tenemos una base de datos estandarizada de lengua de signos”, explicó Kimathi. “Nadie había construido algo así en el continente. Tuvimos que empezar desde cero”.

Para ampliar las posibilidades del sistema, el equipo combina signos kenianos con referencias inglesas y estadounidenses y trabaja además con Africa One, un robot humanoide construido por la propia startup, que sirve para probar y perfeccionar nuevos movimientos.

Más accesibilidad

Las manos se fabrican en Nairobi con impresión 3D y materiales reciclados, una decisión con la que la empresa pretende reducir tanto el coste como el impacto ambiental. Cada unidad cuesta alrededor de 350 dólares y, según la información difundida por la compañía, puede funcionar durante unos dos años.

Actualmente, estos dispositivos ya están presentes en 78 escuelas de Kenia. El objetivo no es sustituir a los intérpretes ni a los profesores especializados, sino ampliar las herramientas disponibles para que más estudiantes puedan acceder a contenidos que hasta ahora resultaban especialmente difíciles de trasladar a lengua de signos.

La estudiante Sharon Mumbe, de 19 años, resume bien lo que puede significar esta tecnología para quienes la utilizan. Asegura que le da “esperanza para el futuro” porque podrá “entender mejor diferentes conceptos”.

ZeroBionic nació precisamente con esa intención: convertir la tecnología en una herramienta de inclusión educativa. Su mano robótica demuestra cómo la inteligencia artificial y la robótica pueden diseñarse no solo para automatizar tareas, sino también para hacer que una clase sea más accesible para quienes hasta ahora encontraban más barreras para seguirla.

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